Patatas y gigavatios: así se convirtió una región rural china en el corazón de su carrera por la IA

INTELIGENCIA ARTIFICIAL15 de octubre, 2026

En Ulanqab, una zona de Mongolia Interior conocida por sus cultivos de patata, los agricultores ya no sólo conviven con sus cosechas. Junto a los campos crecen, a toda velocidad, enormes bloques rectangulares de hormigón y acero: centros de datos destinados a alojar buena parte del cómputo que China necesita para su plan de inteligencia artificial.

La escena es literal: obreros con casco amarillo, andamios, soldaduras y grúas trabajando contrarreloj mientras, unos metros más allá, otros vecinos siguen levantando la cosecha del año.

Un plan de Estado con fecha límite

Esta transformación no es casualidad ni iniciativa privada aislada. Responde al plan “IA Plus” del Consejo de Estado chino, que fija para 2030 una penetración de terminales y agentes de inteligencia artificial superior al 90%. Para llegar a esa meta, el país necesita una cantidad de capacidad de cómputo que hoy todavía no tiene, y Ulanqab se perfila como una de las piezas clave para conseguirla.

Las cifras del proceso ya impresionan: la región atrajo 84 proyectos de centros de datos (81 de ellos orientados a IA, aunque otros recuentos elevan la cifra a 89) y una inversión que supera los 500.000 millones de yuanes, unos 66.000 millones de euros. El consumo eléctrico asociado a estos servicios de datos creció un 85,2% interanual en el primer semestre de 2026, hasta los 4.000 millones de kWh.

Los nombres detrás de la fiebre

Tres compañías concentran buena parte de la atención. Envision inauguró en agosto su campus Galaxy, con 120.000 metros cuadrados y capacidad diseñada para alojar hasta un millón de aceleradores de IA, con margen para superar los 2 gigavatios usando electricidad renovable conectada de forma directa.

DeepSeek prepararía un proyecto cercano al gigavatio, con operación parcial estimada para finales de 2027 o principios de 2028, aunque sin confirmación oficial. ByteDance, por su parte, buscaría sumar entre cinco y seis gigavatios en apenas dos años, según una fuente cercana a las negociaciones con proveedores locales.

Sumando sólo estos tres proyectos, la cifra ronda entre 8 y 9 gigavatios: casi diez veces el consumo actual de toda la región, aunque de momento sólo el proyecto de Envision tiene carácter oficial.

¿Por qué Ulanqab y no otro lugar?

La elección del sitio tiene lógica técnica. El clima frío (4,3 grados de media a 1.500 metros de altura) ayuda a refrigerar los servidores, el viento es abundante y la electricidad renovable sale barata: entre 0,30 y 0,35 yuanes por kWh. Además, la distancia hasta Pekín implica apenas 4 milisegundos de latencia, lo suficientemente baja como para resultar útil.

Esta estrategia se enmarca en el plan “Datos del Este, Computación del Oeste”, lanzado en 2022 por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma china, que organiza ocho “hubs” y diez clústeres para llevar el cómputo pesado hacia zonas con energía sobrante. Según explica Wang Chaoyang, de Alibaba Cloud, la lógica es clara: el entrenamiento de modelos se traslada al oeste por la energía barata, mientras que la inferencia —lo que efectivamente usan los usuarios— se mantiene cerca del este, donde está la demanda.

Entre el carbón, el agua y la sobrecapacidad

No todo es tan sencillo. China aspira a que la mayoría de sus centros de datos funcionen con energía verde para 2030, pero buena parte de su red eléctrica todavía depende del carbón. A eso se suma otro problema: el agua escasea en una región árida como Mongolia Interior.

Hay además una incógnita sobre si tanta infraestructura se va a aprovechar realmente. Según la Academia China de Tecnologías de la Información y la Comunicación, en 2025 apenas el 36,8% de la capacidad de cómputo inteligente del país se utilizó. Un análisis de mayo señala que algunos centros de datos occidentales operan con tasas de uso de apenas el 20-30%, muy lejos del objetivo oficial de superar el 60%.

La carrera geopolítica de fondo

Todo esto ocurre en medio de una tensión más amplia entre China y Estados Unidos por el liderazgo en IA. A fines de septiembre, Trump y Xi se reunieron en Washington con la inteligencia artificial como uno de los temas centrales. Poco antes, Dario Amodei, CEO de Anthropic, había planteado en un ensayo la necesidad de frenar el desarrollo de los modelos más potentes y mantener las restricciones a la venta de chips avanzados a China. Trump respondió que no piensa bajar el ritmo, bajo la premisa de que quien gane la carrera de la IA, gana a secas. El portavoz de Exteriores chino, Guo Jiakun, calificó esa postura de alarmista.

China también juega otras cartas: la del talento, con un número creciente de estudiantes que regresan al país en lugar de irse a Estados Unidos (China formaría unos cinco millones de graduados en ciencia y tecnología al año, frente a medio millón en EE.UU., aunque las estimaciones varían), y la de los chips propios, con rumores de que DeepSeek prepararía pedidos de procesadores Ascend de Huawei para su próximo modelo.

Para poner todo en perspectiva: el seguimiento de Epoch AI ubica hoy a Colossus 2, de xAI, con 946 MW, y a New Carlisle, de Anthropic y Amazon, con 910 MW, mientras que Fairwater Wisconsin prevé alcanzar 2.263 MW en 2028. En esa lista no figura ningún centro de datos chino, y los 2 GW de Envision representan capacidad de diseño, no consumo real actual.

El costo humano, puertas adentro

Mientras los números de la macroeconomía tecnológica se multiplican, a pie de campo la realidad es otra. Se reubicaron pueblos enteros para hacer lugar a esta infraestructura, aunque no hay precisión sobre cuántos ni bajo qué compensación. Un vecino que pidió anonimato aseguró que pocos lugareños consiguieron trabajo en los centros de datos y se preguntó qué beneficio concreto les trajo todo esto. Otro hombre, que sigue cosechando patatas junto a las obras, ve el cambio con más optimismo: sus hijos ya trabajan en las nuevas instalaciones.

Qué nos deja este caso

El caso de Ulanqab muestra hasta qué punto la carrera por la inteligencia artificial moviliza recursos, energía y territorio a una escala difícil de imaginar hace pocos años. También deja una lección que vale para cualquier usuario, más allá de la geopolítica: detrás de cada modelo de IA que usamos a diario hay una infraestructura física gigantesca, con costos ambientales, sociales y económicos reales.

En un plano mucho más cotidiano, esa misma lógica de sostenibilidad aplica a nuestros propios dispositivos. Así como China busca aprovechar al máximo su infraestructura de cómputo, elegir una notebook reacondicionada con garantía es una forma concreta de extender la vida útil de la tecnología, reducir el impacto ambiental y acceder a equipos confiables sin la necesidad de fabricar uno nuevo desde cero.

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